Historia del té

06 | 09 | 2020
Historia del té

Actualmente el té es la segunda bebida más consumida en el mundo después del agua. Se cree que se consumen unas 15.000 tazas de té por segundo. Su historia se remonta a casi 5000 años.

El té tiene su origen en Oriente, donde era valorado por su efecto de bienestar y sus propiedades medicinales. Más tarde se le consideró un elemento de lujo y distinción, llegando a ser identificado como un factor de buen gusto y refinamiento. En la actualidad, el té es reconocido en todo el mundo como medio de placer y deleite.

Existen muchas leyendas y mitos en torno al descubrimiento del té. La más difundida es la del Emperador chino Shen Nong, alrededor del año 2737 a. de C. Se relata que se quedó dormido bajo un árbol y durante su sueño se levantó una ligera brisa, varias hojas de un árbol se desprendieron y se posaron en el agua hirviendo. Fue así como nació el té.

Otra versión es la japonesa, que cuenta que la costumbre de beber té fue traída desde India por el Principe Bodhidharma, el fundador del budismo zen.


LOS MIL NOMBRES DEL TÉ

La palabra Té proviene del chino Cha, que escrita está formada por los ideogramas correspondientes a "hierba", "hombre sobre la tierra" y "árbol".

Antes de ser llamado “Tea” en inglés, las hojas de té tenían nombres muy variados y diferentes pronunciaciones en distintas lenguas chinas. El nombre más utilizado era “Chá” del chino mandarín, pero el nombre inglés tendría origen del dialecto de Amoy hablado en la costa central de China y en el sureste asiático pronunciado “Te”. Este nombre se hizo “Thee” en holandés ya que ellos fueron los primeros en tener contacto con los comerciantes chinos del puerto de Amoy para la importación de té a Europa. Luego “Thee” paso a ser “Tee” en Alemán y “Tea” en inglés.

En las lenguas española, italiana, danesa, noruega, sueca y húngara se escribe “Té”, en francés “Thé”, en finlandés “Tee”, en letón “Teja”, en coreano “Ta”, en tamil “Tey”, en cingalés “Thay” y en la lengua científica “Thea”. El mandarín “Chá” se hizo “Ch’a” en cantonés y pasó al portugués como “Cha” (en la época del comercio portugués con la ciudad de Macao, de lengua cantonesa) y después al persa, japonés e hindú, pasando a “Shai” en árabe, “Ja” en tibetano, “Chay” en turco y “Chai” en ruso.


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